domingo, 9 de abril de 2017

Efemérides familiares - María Cecilia Alloa


María Cecilia Alloa
(1903 - 1984)

Hoy, 10 de abril, se cumplen treinta y tres años de la muerte de mi tía paterna María Cecilia Alloa, hija de Domenico Alloa y Margarita Odetti. El 17 de octubre de 1922, María Cecilia Alloa contrajo matrimonio con José Alberto, con quien tuvo tres hijos: Cilo, Gloris (de Lottersberger) y Lelio. Sus descendientes viven actualmente en San Martín de las Escoba y San Vicente, Provincia de Santa Fe.

Dos grandes rasgos caracterizaban a María Cecilia Alloa: una fuerte tenacidad y su amor por los niños. La primera de estas cualidades, seguramente heredada por vía genética, se vio reforzada, sin duda, por su prematura viudez, que pronto le asignó el rol de jefa de familia, cuando sus hijos aún eran adolescentes.

De las muchas cosas que emergen a mi memoria al evocar a la querida tía María sobresalen tres recuerdos, que el tiempo no ha borrado. El primero es el de su casa de San Martín de las Escobas, cuando íbamos a visitarla. Era una casa antigua, de puertas y ventanas altas, a la que se accedía a través de un zaguán sombrío. Se entraba en una gran sala –lo que hoy llamamos living-comedor– y desde allí se pasaba a una galería que daba a un patio con árboles frutales. En medio de la galería, había un enorme aljibe con un grueso brocal y una roldana cantarina, alrededor del cual, en verano, se disponían las sillas para las visitas. Allí se desarrollaban largas conversaciones en torno a las principales actividades del campo (que si llovía o no llovía, que si el trigo rendía o no rendía, que si tus terneros o los míos...) y a los acontecimientos familiares (ya entonces había niños que nacían, jóvenes que se casaban y viejos o no tan viejos que morían). El segundo recuerdo es el del regalo que la tía María me hacía cada vez que venía a visitarnos e instalarse en casa por unos días: una "bolsa llena de viento", expresión con la que la tía María suscitaba la alegría y las risas desde el mismo momento en que llegaba. El otro recuerdo es el de cuando la tía, una vez instalada en casa, pasaba horas y horas haciendo dulces para agasajarnos: dulce de leche y dulce de higos, cuyos aromas se adueñaban de la casa durante horas e incluso días, ya que la lenta cocción de algunos de esos manjares solía suspenderse por la noche para recomenzar a la mañana siguiente.

En este aniversario, vaya hacia vos, querida tía María, mi afecto intacto a través de los años y toda mi gratitud.

Hugo
10 de abril de 2017




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