miércoles, 10 de noviembre de 2010

Recensión de La Saga degli Alloa


La plurisecolare storia della famiglia - La saga degli Alloa, di qua e di là dell'Atlantico

Ci deve essere una ragione più profonda di una fragile curiosità passeggera per decidere di attraversare l'Atlantico e recarsi nella vecchia Europa a caccia delle tracce dei propri avi con la tenerezza di un figlio e la tenacia di un segugio.

Se poi, soddisfatto il primo desiderio di conoscere storie e luoghi d'origine di nonni e bisnonni, non ci si ferma lì e ci si fa travolgere dalla macchina del tempo che va a ritroso per secoli, allora non basta la nostalgia a spiegare tanta dedizione.

La prima consultazione in Italia di un documento d'archivio del 1846 da parte di Hugo Alloa, autore della "Saga degli Alloa" pubblicata quest'anno a Cordoba in Argentina, porta la data del 10 gennaio 2001.

Le sue annotazioni, scrupolosamente riportate nel libro, sono innumerevoli. Tutto è registrato: sia gli estremi dei documenti trovati ed esaminati negli archivi civili ed ecclesiastici del Pinerolese e altrove, sia le date in cui sono stati consultati. Come se Hugo Alloa, venuto più volte in Italia, volesse fornire al lettore costanti e precise mappe documentate del suo percorso mentale, oltre che nello spazio e nel tempo, a caccia di chi l'ha preceduto.

Si scopre così che l'albero genealogico degli Alloa ha una ramificazione fitta ed estesa. Ci sono quelli di Carmagnola, Chieri, Casalgrasso e Murello; quelli di Vigone, Pancalieri, Macello e Pinerolo; di Ruffia e Coazze; di Osasco, Bricherasio, Cavour, Pinerolo e Torino; di Casale, Cavallermaggiore, Savigliano e Saluzzo.

E ci sono gli Alloa emigrati in Argentina a Cañada Rosquin, a San Martìn de las Escobas e a Santa Clara de Buena Vista. Oltre a quelli che si sono trasferiti negli Usa.

«L'idea delle mie ricerche storico-genealogiche va senz'altro ricercata negli anni della mia prima infanzia, trascorsa nella provincia di Santa Fe, in Argentina, dove circa settanta anni prima si erano stabiliti i miei bisnonni paterni emigrati da Vigone nel 1882 e materni da Cavallermaggiore» dice Hugo.

I nomi si susseguono, a partire da quello di Jacobus Alloa che nel 1204 giura fedeltà al Marchese Manfredo II di Saluzzo e fino ai giorni nostri. Vite che si intersecano, microcronache che si incastonano nella grande storia seguendo il filo rosso di un cognome.

La genealogia, così riletta, non è una scienza fredda. Allora che cos'è?

«Voler sapere da quali sorgenti procedono i fiumi che sboccano nel mare, approfondire nel tempo i meandri delle vite dei nostri progenitori, viaggiare per luoghi ignoti attraverso la storia, riannodare i legami con i nostri antenati, scoprire la linfa materna che per secoli nutrì, all'ombra dei cognomi paterni, le generazioni che ci hanno preceduti, condividere le proprie scoperte con i parenti, montare un puzzle di migliaia di pezzi… e non sapere ancora se Alloa derivi o no dal nome della bellissima "alauda", cioè l'allodola» conclude Hugo, lasciando ancora aperte le porte della sua ricerca.

Nel sito http://geneweb.geneanet.org/hugoalloa c'è l'intero albero genealogico, con 6.366 persone citate.

Tonino Rivolo
L'Eco del Chisone - Dic. 2008


Traducción (H. Alloa)

La plurisecular historia de una familia - La saga de los Alloa, de este lado y del otro del Atlántico

Debe de haber una razón más profunda que una frágil curiosidad pasajera cuando se decide cruzar el Atlántico y emprender la búsqueda de las huellas de los antepasados con la ternura de un hijo y la tenacidad de un sabueso.

Si, luego de satisfacer el primer deseo, el de conocer historias y lugares de origen de abuelos y bisabuelos, no nos detenemos y nos dejamos embestir por la máquina del tiempo con que se desandan los siglos, entonces no basta con la nostalgia para explicar tanta dedicación.

La primera consulta, la de un documento de archivo de 1846, realizada en Italia por Hugo Alloa, autor de La Saga de los Alloa, publicado en Córdoba, Argentina, lleva la fecha del 10 de enero de 2001.

Las notas, escrupulosamente consignadas en el libro, son innumerables. En él todo se registra, desde las referencias a los documentos hallados y examinados en los archivos civiles y eclesiásticos de la zona de Pinerolo y otros sitios piamonteses, hasta las fechas en que tales documentos fueron consultados. Como si Hugo Alloa, quien ya ha venido varias veces a Italia, deseara proporcionar constantemente al lector los precisos mapas documentales de su recorrido mental a través del espacio y el tiempo, rastreando a aquellos que le han precedido.

Así pues, descubrimos que el árbol genealógico de los Alloa posee una frondosa y extensa ramificación. Están los Alloa de Carmagnola, Chieri, Casalgrasso y Murello, los de Vigone, Pancalieri, Macello y Pinerolo, los de Ruffia y Coazze, los de Osasco, Bricherasio, Cavour, Pinerolo y Torino, los de Cavallermaggiore, Savigliano y Saluzzo.

Y también están los Alloa que al emigrar buscaron fortuna en la Argentina, afincándose en Cañada Rosquín, San Martín de las Escobas y Santa Clara de Buena Vista, como asimismo los que se trasladaron a los Estados Unidos de América.

“Las razones que me han conducido a realizar estas investigaciones, cuyo fruto me atrevo hoy a compartir en estas páginas, se encuentran en los años de mi primera infancia, vivida en la Provincia de Santa Fe, donde alrededor de setenta años antes, atraídos por la promisoria pampa argentina, se habían establecido mis bisabuelos paternos y maternos. Los primeros provenían de la pequeña ciudad de Vigone (Provincia de Torino), los segundos de la ciudad de Cavallermaggiore (Provincia de Cuneo)”, dice Hugo.

Una larga sucesión de nombres, desde el de aquel Jacobus Alloa que en 1207 presta juramento de fidelidad al Marqués Manfredo II de Saluzzo hasta los de los Alloa de hoy. Vidas que se entrecruzan, micro-crónicas que se engarzan en la gran historia siguiendo el hilo conductor de un apellido.

La genealogía, a la luz de este nuevo enfoque, no es una ciencia fría. Pero entonces ¿qué es?

“Querer saber de qué manantiales proceden los ríos que desembocan en la mar… Ahondar en la historia a través de las vidas de nuestros ancestros… Viajar por lugares conocidos o ignorados a través de siglos de historia… Reanudar vínculos con nuestros antepasados, con quienes algún día nos reuniremos… Descubrir la savia materna que, a la sombra de los apellidos paternos, durante siglos nutrió las generaciones que nos precedieron… No saber aún si Alloa deriva o no del nombre de la hermosa ‘alauda’, o sea la alondra… Compartir descubrimientos y hallazgos no sólo con parientes sino también con otros apasionados por las sagas familiares… Armar con suma paciencia un rompecabezas de miles de piezas… Quizá todo eso, y mucho más, es la genealogía.” Así concluye Hugo Alloa, dejando abiertas las puertas a su investigación.

En el sitio http://geneweb.geneanet.org/hugoalloa es posible ver la totalidad de este árbol genealógico, en el que se cuentan 6.366 personas.

Antonino Rivolo
L'Eco del Chisone - Dic. 2008 


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